Una pareja. Una historia más
- 8 ago 2017
- 3 min de lectura
Jorge y Luisa son una pareja cualquiera. Tienen un trabajo cualquiera, viven en una casa cualquiera, en un barrio cualquiera... Sus problemas eran, como en otras muchas parejas, llegar a fin de mes y poder ir dando a sus hijos lo que iban necesitando.
Como otras muchas parejas también tenían frecuentes discusiones: se culpaban el uno al otro y iban lamentando que ya no estaban del todo bien juntos... Esto les llevaba con cierta frecuencia a plantearse la separación en algunas de las disputas en que las cosas se salían de madre.
Un día ocurrió algo.
Jorge llego a casa, como todos los días y se encuentra a Luisa recogiendo afanosamente la cocina.En lugar de irse y lanzarse al sofá, la verdad es que siempre vuelve agotado, se metió en la cocina con su mujer y se puso a echar una mano en silencio. Sin mediar palabra. Luisa lo miró atónita y siguió recogiendo. Tampoco medió palabra.
Al día siguiente, Jorge llego a casa un poco más temprano del trabajo, lo cual sorprende a Luisa, que estaba terminado de ver en el sofá su serie favorita antes de ir a hacer la cena. Jorge se sentó a su lado y le dijo con voz amable:
-Luisa, dijo buscando los ojos de su esposa, nunca te he dado la gracias por todo lo que haces cada día por mí. Te agradezco infinitamente que mantengas mi cómoda repleta de calzoncillos y calcetines limpios y doblados. Para mí realmente es como un milagro diario. De verdad, gracias.
Luisa no daba crédito a lo que estaba pasando. No entendía nada. Escudriñó los ojos de su marido pensando encontrar algo raro. "'¡ AAA yyy Diós! ¡Algo le pasa!"- Pensó para sus adentros.
-Jorge, ¿estás bien?,- Si Cielo, claro que estoy bien. Sólo quería que lo supieras. Lo de "cielo" le chirrió en los oidos y Luisa se sintió muy desconcertada.
La tarde siguiente, su hija Irene de 17 años entró en casa con la cara desencajada y le dijo a su madre:
-Mamáaa! Papá se ha vuelto majareta!! ¡Me lo he encontrado por la calle y me ha dicho que estoy muy guapa! y fíjaté como voy de maquillada y con estas minifaldas que tanto detesta!!
Esto confirmó a Luisa que algo le pasaba a Jorge. Realmente era preocupante. No entendía qué estaba pasando. A qué se debía este cambio tan repentino.
Fue pasando el tiempo y Luisa se fue acostumbrando al cambio de actitud de Jorge. A veces incluso le sonreía levemente y le daba unas tímidas "gracias".
A medida que pasaban los días Luisa fue cambiando el gesto triste de su cara. Iba ganando autoestima y confianza en sí misma, se notaba su caminar más seguro, su postura corporal más erguida. En ocasiones se la oía canturrear por la casa. Estaba encantada con el comportamineto nuevo de Jorge.
Aquí podría acabar esta historia si no fuera porque ocurrió algo inaudito.
Cierta tarde de descanso, mientras veían el triplete de pelis domingueras, Luisa le dijo a su esposo:
-Jorge, me gustaría agradecerte que todos estos años nos hayas cuidado a mí y a los niños y que hayas ido a trabajar cada día, incluso enfermo, para que no nos falte nunca de nada, Gracias Jorge por toda tu dedicación plena a nosotros, tu familia.
Jorge nunca les dijo cuál fue el motivo de su cambio aunque Luisa indagó todo lo que pudo y más para entender lo que había pasado.
He osado escribir este cuento porque el motivo del cambio fui yo y una sesiones de terapia.
Gracias Jorge, aunque no te llames Jorge, por captar tan rápido y bien el mensaje.




















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